sábado, 20 de junio de 2009

Gatos: A mi gata KISU

Nombre: KISU
Edad: 12 años
Raza: Comun Europea

A Kisu: Mi gatita, Sumida en el mas profundo dolor, así me has dejado mi amiga, mi rabito, mi compañera, acabo de despedirme de ti y ya te estoy echando de menos, te quiero y te querré siempre mi amor, la gatita mas guapa del mundo, donde estés...esperame, nos volveremos a ver mi corazón, para volver a llenar este vacio
DESCANSA EN PAZ Y SE MUY FELIZ CON EL RESTO DE ANIMALITOS. .

jueves, 18 de junio de 2009

domingo, 7 de junio de 2009

PARA PENNY, MI PERRA QUE NOS DEJÓ AYER

cementerio mascotas westy perra
Bueno, Princesita, como te solía llamar, no puedo conformarme sólo con echarte de menos y llorar por ti sin parar. No. Tengo que hacerte un pequeño homenaje porque tú y todos los perros del mundo os lo merecéis y porque tengo que agradecerte el bien que me has hecho durante el tiempo que he disfrutado de tu compañía, Penny.

¿Te acuerdas de la 1ª vez que nos vimos en la APAP de Alcalá de Henares? Era una mañana muy fría del 30 de Diciembre de 2006, y cuando ya me iba a casa después de haber visitado a mi entonces apadrinada Negra, una preciosa mastina, te cruzaste en mi camino. Captaste mi atención porque eras de la misma raza que Elvis, el perro que tenía desde hacía 9 años, West Highland White Terrier, o westy, aunque tú sabes bien que a mí eso de que los perros sean de raza no es algo que me preocupe especialmente. Tú, tan independiente como eras, no me hiciste mucho caso cuando te acaricié, pero yo te entendí: una perra a la que ha abandonado su propio criador después de explotarla sacando beneficio económico de ella, no es para que se ande con muchos miramientos con nadie.

Cuando las voluntarias de la APAP de Alcalá de Henares me dijeron que no pertenecías a nadie y que necesitabas casa de acogida de momento, para luego ser adoptada, me pareció buena idea que vinieras a casa hasta que apareciera una persona que quisiera adoptarte. No sabía muy bien si Elvis y tú encajaríais, pero en fin, ya sabemos que si uno no arriesga no puede saber el resultado… Así que te trajeron a casa la tarde del 2 de Enero de 2007. Llegaste a casa observando todo con detalle y quizás pensando con resignación qué era lo que te depararía el futuro en esta ocasión… Si hay algo que se ha quedado grabado en mi mente y en mi corazón es esa mirada tuya continua, como de admiración y de agradecimiento, hacia mí. Sí, Penny, siempre estabas mirándome. Siempre… Me impresionaba tu mirada, tu pose, siempre callada, nunca ladrabas, como si la vida te hubiera moldeado de tal forma que no pudieras quejarte o expresarte. Tu rabito, ese que los westies lleváis como una antena, estaba caído, hasta el punto de que creí que tenías alguna fisura en él, y tus orejillas gachas, no dejaban mostrar la belleza que realmente poseías, aunque tú a mí siempre me pareciste la más bella de las perras porque eras todo ternura. Los primeros días de tu estancia en casa pasaron con tal normalidad que me parecía increíble que todo fuera tan fácil: comías el pienso que te daba, dormías en cualquier sitio, y te adaptabas a todo de una forma sorprendente. Cuando llevabas en casa unos días, no recuerdo con exactitud cuántos, pero serían unos diez o doce, recibí una llamada de la APAP, para comunicarme que había una persona que quería conocerte para llevarte con ella. En ese momento mi corazón dió un vuelco: no podía imaginar mi vida sin ti, ya te quería demasiado como para que te fueras, no quería dejarte marchar. Fue así como comenzaste a formar parte de mi día a día y, sobre todo, de mi corazón, en el que llegaste a calar muy hondo. Comenzamos a pasear y, en general a compartir nuestras vidas, junto con Elvis, ya de otro modo. Te compré tu nuevo cestito para dormir, te llevé a los mismos veterinarios que a Elvis, hicimos algún viaje a la playa: yo te incluí en mi vida, y, algo que no puedo olvidar, tú me incluiste a mí en la tuya. Tu rabito de westy tomó la apariencia de una antena ¡¡no tenía ninguna fisura!!, tus orejitas comenzaron a enderezarse y ya dejaron de estar gachas, la barrigota tan grande por haber parido tantos cachorros empezó a disminuir y tu belleza creció aún más. Si ya eras agradecida cuando llegaste, cada día que pasaba tu agradecimiento aumentaba.

No sabes lo que me has ayudado, junto con Elvis, cuando me has acompañado en los días de tratamiento con el yodo radiactivo, cuando yo estaba desganada y muy muy cansada y velabas paciente sin moverte de mi lado. Hasta tenía que alejaros a los dos porque queríais echaros muy cerca de mí y no podía ser porque tanta proximidad podría dañaros. Claro, ésto es algo muy difícil para que un perro pueda entenderlo, aunque, sin duda, muchas veces comprendéis y sois más intuitivos que muchos humanos.

Si algo me apena, es haber compartido tan poco tiempo de mi vida contigo. Sólo un año y ocho meses. Sí, Penny, mi idea era que tú ibas a vivir unos años más y que íbamos a disfrutar mucho tiempo más juntas, y, claro, también con Elvis. Pero la vida no suele resultar como uno la imagina. Ahora mismo tengo poco consuelo, el único que me queda es saber que tú has sido feliz con nosotros y nosotros contigo y que nos hemos ofrecido mutuamente lo mejor que llevábamos en nuestros corazones, bueno, mejor dicho, lo mejor que llevaba yo, porque tú no tenías ninguna maldad. Ayer, cuando el tuyo, diminuto, dejó de latir, yo estaba a tu lado acariciándote para que estuvieras lo más tranquila posible. Yo tenía esperanzas de que te curaras, pero, vida mía, no pudo ser. No sé lo que hubiera dado porque no hubiera sido así.

Penny, mi niña, quiero que sepas que te he querido mucho, que te sigo queriendo y que nunca te voy a olvidar. Te voy a llevar en mi corazón hasta el día en que yo muera. Elvis también te adora. Ya sabes que te ha tratado como a una princesa, siempre pendiente de ti y dándote un montón de besitos. Estoy segura de que también te echa de menos. Te adoramos. Seguirás siendo nuestra princesa para siempre.

Maite.